Nuestro Chucrut Mixto de estación es un fermento de colores vibrantes que cambian con la huerta: verdes, naranjas, rojos, violáceos y amarillos se entrelazan en cada frasco. Su textura es crujiente y variada, y su sabor combina la acidez fresca de la fermentación con las notas especiadas del jengibre, la pimienta negra, la pimienta de cayena, las semillas de mostaza y el coriandro. Cada lote es distinto, porque la huerta manda.
A diferencia de los chucruts industriales que suelen pasteurizarse y llevar conservantes, vinagre o azúcares añadidos, el nuestro es 100% natural: repollo blanco, verduras de estación, especias y sal marina. Sin vinagre, sin conservantes, sin aditivos, sin pasteurizar. Es un chucrut vivo, y además único: no hay dos lotes iguales.
Nuestro Chucrut mixto de estación no está pasteurizado, lo que significa que conserva intactos todos los microorganismos benéficos desarrollados durante la fermentación: bacterias lácticas vivas que actúan como probióticos naturales. También mantiene sus enzimas activas, vitaminas (especialmente vitamina C y del complejo B) y minerales biodisponibles. Al ser un alimento vivo, requiere conservación en frío y su sabor sigue evolucionando con el tiempo.
Elaboramos nuestro Chucrut mixto de estación siguiendo el método tradicional de fermentación. Partimos de una base de repollo blanco fresco de producción agroecológica, en su mayoría de agricultura sintrópica regenerativa llevada adelante por integrantes de nuestra comunidad. A esa base le sumamos las verduras que nos propone la huerta en cada momento: zanahoria, rabanitos, nabos redondos, nabos daikon, topinambur, repollotos de Bruselas, repollo morado, cebolla, puerro, coliflor, brócoli, hojas verdes, lo que haya. Las cortamos a cuchillo, algunas bien finas y otras según proponga la energía de la verdura y las mezclamos con sal marina sin refinar, masajeando para que suelten sus jugos naturales. Sumamos jengibre, pimienta negra, pimienta de cayena, semillas de mostaza y coriandro, equilibrando las cantidades proporciones según las verduras disponibles. Colocamos todo en barrilsitos con tapas de madera y un peso para que quede sumergido en su propio jugo y sin oxígeno, ya que la fermentación se da en ausencia de aire. Dejamos fermentar a temperatura ambiente durante entre dos y cuatro semanas, dependiendo de la estación del año, hasta que el sabor ácido y la disminución de burbujas indican que las bacterias lácticas han hecho su trabajo. Una vez listo, lo envasamos y almacenamos en frío para detener la fermentación y conservar su textura crujiente y su sabor fresco. Todo el proceso es artesanal y sin aditivos.
Usamos repollo blanco y verduras de estación de productores agroecológicos locales, en su mayoría de agricultura sintrópica regenerativa llevada a cabo por integrantes de nuestra comunidad, sal marina sin refinar rica en minerales, y especias naturales: jengibre, pimienta negra, pimienta de cayena, semillas de mostaza y coriandro. Nuestro Shoyu no forma parte de este producto, pero compartimos la misma filosofía de ingredientes mínimos, limpios y trazables.
Es un alimento versátil que podés comer solo o como acompañamiento de cereales, legumbres, verduras, carnes y pescados. Ideal para agregar a sándwiches, hamburguesas, chapatis, arepas, tacos y wraps, aportando acidez, frescura, color y textura crujiente. También podés incorporarlo a ensaladas, usarlo como guarnición de platos de cuchara o como parte de una picada. En la cocina, también se puede cocinar salteado con cebolla y especias, o agregado a sopas y guisos.
Es un probiótico natural excelente para la salud intestinal: las bacterias lácticas vivas que contiene contribuyen a reconstituir la flora intestinal, mejorar la digestión y reforzar el sistema inmunológico. La fermentación predigiere las verduras, haciendo sus nutrientes más biodisponibles: aumenta la biodisponibilidad de vitaminas (como la C y del complejo B), minerales (calcio, magnesio, hierro) y enzimas. La variedad de verduras aporta un espectro amplio de fitonutrientes y antioxidantes, y las especias suman sus propias propiedades: el jengibre es antiinflamatorio, la pimienta negra mejora la absorción de nutrientes, la cayena es termogénica, la mostaza y el coriandro favorecen la digestión. Además, es rico en fibra, bajo en calorías, sin grasas y sin colesterol. Es apto para dietas macrobióticas, veganas, vegetarianas, paleo y para quienes buscan mejorar su salud digestiva.
Elaborado en el Delta del Paraná por nuestro proyecto familiar, Garza Mora, con la misma dedicación y conciencia que ponemos en nuestro Shoyu. Los productos que elaboramos primero fueron alimentos esenciales en la cocina cotidiana de nuestro hogar, los empezamos a hacer para nosotros y fuimos sintiendo que tenían que ser conocidos por todos los que nos rodean. Esto, sumado a la pasión por la elaboración de alimentos, hizo que empezáramos a producirlos en mayor escala. Amamos lo que hacemos, detrás de cada alimento que elaboramos está nuestra energía de disfrute por lo que hacemos y una inmensa satisfacción por compartirlo.
| 1 cuota de $10.000,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $10.000,00 |
